Cosas de José Antonio, para andar por casa…

Aquí se puede opinar con cortesía y "animus iocandi"

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Opciones y elecciones

La vida es un permanente estado de elección. Desde que nacemos estamos eligiendo opciones a sabiendas o sin saberlo. Hay ocasiones en las que la elección te condiciona para el futuro, te ata a lo elegido y no hay manera de librarte de lo que te acontece a partir de ella. En cambio, la mayor parte de las veces lo que ocurre es que se pierde la oportunidad de hacer una cosa u otra dependiendo del cuál haya sido la elección realizada.

Ésto  es lo que les ocurrió a un par de amigos que fueron invitados, por quien podía hacerlo, a presenciar la carrera de Fórmula 1 de ayer en Valencia en la que Fernando Alonso partía de la 11ª –oncena o décimo primera, que nadie lea onceava, por favor- posición y nadie daba un euro por él hasta que acabó llegando el primero a la meta con gran contento y regocijo de los espectadores españoles. Los amigos en cuestión se quedaron sin poder henchir sus pechos del espíritu patrio que acompaña siempre a estos triunfos y lo malo no es sólo eso, sino que se les quedó cara de bobos, como puede comprobarse en el testimonio gráfico que se acompaña. ¡Ay, si ellos hubieran sabido que Alonso iba a adelantar incluso a Grosjean que aunque naciera en Suiza huele a gabacho…!

… se les queda cara de bobos…

Ya que hablamos de orgullo patrio, hablemos también de la selección. -¿Cómo que de qué selección? ¿Usted es tonto o qué? De la que eliminó a Francia de estos europeos para regocijo de enemigos de guiñoles y de franceses… en el buen sentido de la palabra enemigos, claro.

Lo del europeo de fútbol ha exacerbado la pasión por dar patadas a un balón… sea donde sea. Ahora que está muy en boga quejarnos por todo, voy a quejarme de la conversión en campo de fútbol de mi querida Plaza del Olmo. Cuando yo era chaval, allá por el neolítico, el tío Antonio el Alguacil era persona que, con su sola presencia en la plaza hacía desaparecer cualquier conato de competición futbolera. No toleraba ni siquiera el peloteo suave, antecedente del “toque” de los seleccionados españoles . Pues bien; ahora, con eso de no traumatizar a los jóvenes valores del balompié patrio hay grupos de tiernos infantes que toma la fachada del Museo Manolo Rodríguez, como la portería enemiga a la que  hay que batir a toda costa. ¡Y vaya si lo hacen! Con un estilo impecable -que mejor quisiera yo para su modo de escribir, de hablar y de comportarse- los ninios sacuden unas patadas tremendas a balones de reglamento que resuenan como bombas al dar con la pared.

En mi apreciación, son los papás y las mamás las que debieran reprender semejantes actitudes, pero ellos fomentan “la posición del cuerpo en el golpeo” y ellas viven mejor al fresco de una horchata o sentadas en los bancos. El Ayuntamiento, la Policía Municipal, está enfrascada en otros menesteres y no aparece por el Centro Histórico y la competición sigue impune ante mi gesto de contrariedad permanente.

 Claro que, a escasez de medios, ingenio; el Ayuntamiento ha conseguido frenar el bombardeo a una fachada que pagamos entre todos, no hay que olvidarlo, y simplemente con dejar que un coche aparque en lugar prohibido, ha resuelto el problema. Véase la muestra en un pequeño descanso de la competición de ayer por la tarde.

Entre la opción de tener que imponer -palabra maldita, aunque se trate de lo que sea justo y legal- y la posibilidad de buscar el antídoto en otra falta, se  elige lo segundo. A fin de cuentas, electricidades del mismo signo se repelen.

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Carta de Pepe a Isidro

Un Concierto

Querido Isidro:

Ya he podido comprobar, que la “clase” termina por imponerse. Ahí tienes al Real Madrid Campeón de Liga, como hace tiempo me habías pronosticado. La emoción de los últimos partidos sólo ha servido para mantener el interés en el campeonato, que -debes darte cuenta- es cosa de dos. El resto somos los comparsas de este circo que es el fútbol, así es que la competición ha perdido todo el sentido gracias a los dineros que os gastáis en fichaje . Y que conste que empleo la palabra “circo” en alusión a lo que de “distracción” tuvo en el Imperio Romano.

-¡Somos los mejores!, parecen gritar los rostros de los madridistas de siempre y los de ocasión -que la gente se apunta a subirse al carro del vencedor- en estos días de euforia y alegría… espurias.

Y lo digo con el conocimiento que de la vida me dan los años. Probable es que la gente quiera aturdirse con lo que se les ofrece de alegre, pero -sin querer que todo el mundo esté con la cabeza hundida- la que tenemos liada es de las de “no te menees” porque si algo se menea… se cae.

Esta mañana he leído en algún periódico que las reformas que está llevando adelante el Gobierno de Rajoy “son tan impopulares como imprescindibles” Y yo que miro en mi derredor y veo cadáveres por todas partes, -de empresas, de proyectos, de ilusiones, de vidas truncadas- me pregunto qué extraño atractivo tendrá el poder para hacer que personas como D. Mariano -Rajoy, claro- que podrían quedarse tranquilos en sus casas, salten a la palestra a asumir responsabilidades que les obligan a tragar, al menos, un sapo cada mañana.

Por más que intento cogerme al clavo ardiendo del patriotismo, no puedo terminar de creérmelo. Cada vez me aparece el diablo de la codicia y me dice que es por ser más por lo que se aventuran a esos desagradables desayunos diarios. Por ser más poderosos, más ricos, más influyentes, más conocidos…

Flores

Y visto así, he de reconocer con Espronceda que pienso que:

“…allá muevan feroz guerra /

ciegos reyes, / por un palmo más de tierra…” porque aquí, en el pueblo, tengo por mío casi todo lo que es de mis amigos; alguno me regala entradas para la ópera, otro me invita a una paella que hace con mano maestra, uno me regala chuletas de un cordero que acaba de matar, otro  me lleva a coger habas que son manteca pura, hay quien me trae flores a casa y no falta alguna que me obsequia con una tarta de queso deliciosa; pero todos me ofrecen su afecto que hace mucho más valioso el obsequio. Yo les ofrezco naranjas, que unas veces toman y otras no, siempre -desde siempre- mi cariño y mi absoluta buena disposición hacia ellos. Sin más, pero es suficiente.

Así es que, querido pariente, he decidido con Fray Luis retirarme a la “descansada vida”, olvidarme del “mundanal ruïdo” y “seguir la senda por donde han ido / los pocos sabios que en el mundo han sido…”

Para no aburrirme, hago un programita de radio que entretiene mis horas de ocio y que colma la necesidad de halagos que siempre he tenido. Hacemos poesía todos los lunes, de 19:30 a 20:00 en el 87,7 de la F.M. en Radio Escabia. Por si la quieres escuchar la encontrarás en http://www.radioescavia.com. El programa se remite los domingos desde las 10:30 de la mañana.

¿Ves como no es necesario ser campeón de Liga ni siquiera vivir en Madrid para ser feliz?

Salúdame a todas las mujeres de tu familia y a todas las que conozcas aunque solo sea de pasada…

Un abrazo

Pepe

 

A modo de metáfora “nadalenca” … en junio

¡Ojalá fuera Nadal una metáfora de España! Me temo que Rafael es una realidad forjada a base de esfuerzo, de empeño y de sacrificio que, afortunadamente, puede dar gracias a la vida; pero tengo para mí que no es el espejo en el que se mira la juventud española. Me temo que lo que se admira es su capacidad de ganar y lo que se envidia son sus ingresos. No se analiza un poco más allá, no se piensa en las horas de esfuerzo físico, la tensión mental a la que debe estar sometido ni los sacrificios que, sin duda, haya tenido que hacer ni los que tendrá que seguir haciendo no ya para ser el número uno, sino para mantenerse en su nivel de juego, en su forma física y en la lucidez de que hace gala durante los partidos… y después de ellos. Bien es verdad que cuando le van las cosas mal, el ceño se le frunce como si se pusiera “la” boina y llega a borrar los ojos de su cara de tanto como se le achican, pero ésto suele ser poco perceptible y lo más normal es que los comentaristas deportivos hagan más referencias a su “concentración” que a su cabreo.

¿Qué habra tenido que hacer para conseguir llegar a ésto?

Estamos pasando por una etapa difícil. Es ya un lugar común lo de la crisis y sus consecuencias y casi todos los “países de nuestro entorno”, como gusta decir a los políticos, están en vías de superar lo duro del trance  mientras nosotros estamos intentando averiguar si son galgos o podencos. Nadie ha movido un dedo para tratar de dar trabajo a los casi cuatro millones y medio de parados que son los damnificados de … ¿de qué? ¿por quiénes? No se sabe, no se contesta. De la noche a la mañana pasamos de no tener crisis a tenerla toda, con avaricia, con gula, ¡hala, toda para nosotros!

Determinar si han sido los galgos o  los podencos quienes nos han llevado a esta situación, sirve de poco. Lo verdaderamente útil hubiera sido ponerse manos a la obra y sacar a la gente del estado de desesperanza en la que está metida, claro; pero para llegar a conseguir ese objetivo habría de haberse contado con una preparación, un esfuerzo, un sacrificio en el período de entrenamiento, de formación. No basta con pasar por la Escuela si la Escuela no pasa por tí. De éso no nos acordamos siquiera cuando las cosas van mal y tenemos un cabreo negro por dentro que nos hace estar malhumorados y tensos y desesperanzados sin que veamos soluciones al problema que se negó, que se viene negando desde hace mucho tiempo. La solución a ésta y a todas las crisis está en la formación de los indivíduos, en su educación para la vida, no en una sociedad hedonista floja y blanda que ve en sus epígonos sólo lo superficial, a la que se le ofrecen modelos como “princesas del pueblo” y otras bazofias semejantes porque “se sabe” que espera vivir de la mamandurria, de la subvención o de unos estudios cortitos que le permitan “entrar en el escalafón” para vivir del presupuesto. Nada que ver con la auténtica vida, la del análisis, la de la interiorización y la búsqueda personal de la Verdad el Bien y la Belleza.

Enhorabuena, Rafael.

El fútbol y los modelos

El fútbol, ¡qué maravilla!

Tengo un amigo que “es” del Real Madrid. Anda, el pobre, desolado tras la indigestión de “sidrina” que le proporcionó el “Soporting” de Gijón. La criatura tenía la vana esperanza de que su equipo le plantara cara al Barcelona al menos hasta el final de la temporada, pero ahora, merced a los errores propios y a los aciertos de los que juegan en el equipo catalán de referencia, no sólo haría falta un milagro, sería necesaria una catástrofe -que nadie quiere- del equipo competidor para que pudiera el Real Chotis acercarse siquiera al rescoldo de la gloria del de la sardana. No habrá sido por falta de advertencias -que las ha habido y muchas- de que, en fútbol, el proyecto que se hace a base de talonario termina en fracaso. Hace algún tiempo, hasta un servidor de ustedes avisaba del peligro que corría el “Madrid de las estrellas” de terminar estrellándose y así ha ocurrido. En este momento es cuando hay que reflexionar, en caliente pese a lo que digan sesudos (?) comentaristas de fútbol, sociólogos y otros patafísicos que opinan acerca de ésto. En la situación caliente en la que el Madrid se encuentra es cuando hay que tomar medidas que luego, con el tiempo y la herida cicatrizada, nos parecen desmesuradas y fuera de lugar. El modelo de sociedad deportiva del Barcelona es el correcto y el adecuado. Además es el moralmente válido. En una sociedad en la que los ciudadanos lo quieren todo ya pero que es una sociedad en crisis de todos los colores, no va mal predicar con el ejemplo de la cantera y la paciencia.
El caso es que me aburre soberamnamente el modo de jugar del Barça cuando le sale un partido de los del montón; ese “tuya, mía” en el centro del campo, dejando que el tiempo pase, no tiene, para mí, ninguno de los valores deportivos que ha de tener el fútbol. Me gustan más el pase largo, la pugna física, la pequeña competición atlética de cada jugada o la maravilla de habilidad o de intuición estratégica del pase que resuelve una situación. Sólo, cuando el juego de los del nordeste de España se hace casi imposible de concebir por su fulgor de un instante en el que se condensan todas las esencias del fútbol, me gusta esa manera de jugar.
Ahora, los del centro a reflexionar y a volver a la normalidad de las cosas. Se han equivocado desde el presidente de la entidad hasta el entrenador, pasando por algunos jugadores. El fútbol no es cosa de estrellas y la prueba es que se juega pisando la tierra.

Cogito ergo sum

Partido de fútbol de la selección española en Granada. Me cuenta un amigo que vive allí que la ciudad está como de fiesta, que hay un ambiente que para sí lo quisiera cualquier político en un mitin de los de campaña electoral avanzada. Claro está que a las criaturas que se entusiasman hasta el paroxismo nadie les ha enseñado a pensar, ni a analizar lo que tenemos encima, ni a mirar alrededor. Son tremendamente solidarios por impulsos, pero no se les puede pedir solidaridad continuada aunque sea ésta la suma de pequeñas solidaridades diarias. Aquí, nos desgañitamos un día por la muerte de una joven y al día siguiente nos quedamos quietos cuando se sale de rositas el asesino gracias a que es menor de edad.
Ésa es otra. El menor de edad que puede matar y lo hace, no es tan “menor” como aparenta, aunque la ley lo trate así, porque, de serlo, resultaría una igualdad en la capacidad de delinquir y una desigualdad a la hora de pagar por la culpa; es decir que si alguien puede matar y lo hace, ha de tener el mismo castigo que otro cualquiera que mate, tenga la edad que tenga. Desde que patafísicos de todo tipo invadieron la esfera de lo educativo, de lo judicial y nos impusieron lo “políticamente correcto” no damos una a derechas.

Los únicos brotes verdes que veo...


Cambio de tercio ahora para referirme a los casos de corrupción que abundan en nuestra Ex-paña. Me da exactamente igual quién los protagonice. El que se ha adueñado del dinero de todos en su propio beneficio habría de ser juzgado y condenado en primer lugar a restituírlo y después a cumplir la pena que le haya sido impuesta de acuerdo con la ley, de manera que el delito no termine de satisfacerse hasta que las últimas 1,66 pesetas del capital robado más los intereses que haya devengado dicho capital, hayan vuelto al sitio del que hubieran sido robadas. ¡Ah! y el estamento judicial tiene que ser necesariamente independiente.
Con el desmadre político-económico-judicial-social que tenemos encima, es decir con el desastre doquier, en nuestra querida patria tendría que llegar el día de las elecciones y los presidentes de las mesas encontrarse con un altísimo porcentaje de votos en blanco a la hora de hacer el recuento. De esa manera se daría cuenta la clase política de que no estamos dispuestos a que se nos siga tomando el pelo y sacando el dinero de nuestros bolsillos para llevarlo a otros que no son los del bien común.
Alguno me hablará del “voto útil”, pero lo que parece evidente es que votar a unos o votar a otros es indiferente; ¿qué podrá hacer el señor Rajoy cuando se encuentre con el desbarajuste que se le va a dejar? ¿milagros? Evidentemente, no. Más de lo mismo para que medren los de siempre. Nadie me interprete mal, que afirmo que no quiero que vuelva a gobernar el señor Rodríguez Zapatero al que considero peor para España que una plaga de las de Egipto; que gane el señor Rajoy, pero que se entere de que lo que pretende la ciudadanía que no está entontecida con el fútbol, ni con la telebasura, es que lo que toca hacer es regenerar a España o a las diecisiete autonomías, lo que prefieran.
En esa regeneración necesaria pasa por la educación, señores políticos. Vuelva la sensatez a sus mentes y ocúpense de que podamos competir en la excelencia de nuestros jóvenes con los de otros países. Sólo ahí está la salida a todas las crisis, en la educación.

Semblanzas

El señor Pérez Rubalcaba, don Alfredo, es un político de controvertidas características. Para mi coleto tengo que es como Alves, el futbolista que ahora milita en el Barcelona y antes en el Sevilla. Ambos son tremendamente eficientes en su trabajo, los dos tienen estilo, garra, potencia y los dos juegan al borde del reglamento o saliéndose de él; ambos son capaces de estar cometiendo falta y poner la cara de no haber roto un plato nunca. Además, el árbitro que toca el pito en cada momento -el trencilla o el pueblo soberano- “traga”, por lo general, con las maldades que uno y otro realizan en favor de sus equipos respectivos. Resumiendo, que todo el mundo sabe que juegan sucio los dos, pero por su potencia y por su entrega, todos quisieran tenerlos en su equipo. Condición humana llaman a eso los que  dicen entender de la condición humana.

Por otra parte, ahora que el mentado señor Pérez ha ascendido a la Vicepresidencia Primera del Gobierno, se encuentra con que tiene un poder tan grande que de pensarlo sólo me dan vahídos, porque pienso en lo que pueden hacer los políticos, envuelto en buenas palabras, con la vida de las gentes que somos gobernados por ellos. Si les parece que exagero en mis temores recuerden la expulsión de los moriscos a los que aludía en mi entrada anterior o el cambio de modelo de sociedad al que nos ha sometido el gobierno del señor Rodríguez Zapatero con los diferentes tipos de “matrimonio”, el hábito de fumar,  socialmente admitido hasta anteayer, la posibilidad de que aborten sin encomendarse a Dios ni al diablo las jóvenes de dieciséis años, el hecho de que cualquier acusación de maltrato lleve aparejada la culpabilidad del varón y tantos otros modos de comportamiento que, a los que tenemos una cierta edad nos “chocan” cuando menos.

Ahora se ha puesto de moda cogérsela con papel de fumar del tamaño de un confeti por cómo se dirigen unas personas a otras. Empezó con el “señorita” del señor Guerra, don Alfonso, a doña Trinidad Jiménez y después ha seguido engordándose el despropósito hasta el extremo de que he leído u oído, no lo sé bien, que algunas personas, tenidas por sensatas, afirman que a cada uno se le ha de llamar como el llamado quiera. Eso, junto con lo de los “progenitores” que se han inventado las feministas, los mil disparates que se han dado como pasto a la opinión pública y el lío de qué apellido ha de ir primero, convierten nuestra convivencia en un guirigay tan grande que no nos da tiempo a reflexionar acerca de los cuatro millones y pico de parados que tenemos en España. Así que heme aquí, perplejo y sin saber si debo llamar a aquél a quien me refiero, por eso no sé si debo emplear el primer apellido, los dos, el segundo o el nombre completo. ¡Hay que ver qué mala conciencia nos están dejando estos chicos!

El caso es que a mí me parece que el señor Pérez Rubalcaba cumple con casi todas las características con que describe Froilán en “La Venganza de don Mendo” al juglar -Renato- en el que se ha transformado don Mendo. Excepto lo de la barba, que la tiene cuidada y los cabellos que ya le son escasos y para mí teñidos, en todo lo demás no hay sino imaginárselo con jubón, calzas ceñidas y gorro en punta para ver el parecido físico.

¿...qué tienes en la mirada?

“Tiene la color oscura,

tiene la su voz velada,

la su cabeza es pequeña

y algo braquicefalada.

tiene rubios los cabellos,

tiene la barba afeitada,

breve el naso, noble el belfo,

la su frente despejada,

y una mirada tan dulce,

tan triste, tan apenada,

que hay que preguntalle al velle,

¿qué tienes en la mirada?”

Con el personaje de Muñoz Seca tiene en común, además, el hecho de que ni el uno ni el otro es el que aparenta ser y que el disimulo es su mejor arma para hacer que todo el mundo baje la guardia para dejarle manejar los hilos de la trama a su conveniencia, al servicio de su idea, cosa de gran peligro si seguimos haciendo el parangón, que no lo haremos, porque ya sabemos como termina “La Venganza…” Esperemos que aquí quede alguien para contarlo.

El otro, el deportista, tiene un aire inevitable a Cantinflas, pero sin la “chispa” del “manito”. En cuanto aparece sin afeitar en unos días y con el bigote huído del bajo de las fosas nasales, haciendo asiento casi en las comisuras de los labios allá por el superior, se me representa con la “Gabardina” mítica, los pantalones caídos como un precursor de la moda actual que fué don Mario Moreno y quebrando la cintura. Pero Alves tiene más peligro con su carita de bueno que la consabida piraña en el sitio que le hemos acomodado para ponderar su mordedura inmisericorde. Como don Alfredo que, pese a lo que puede parecer, no se chupa el dedo.

 

El gol que no debió haber sido

Siempre me he tenido por un defensor de las esencias del deporte, de su limpieza y del valor educativo que tiene. Ayer, me quedé viendo en la tele el partido de fútbol que jugaron el Valencia y el Español en Mestalla. Todo el partido fué un despropósito, lamentable la actuación de los jugadores  -pese a lo que cobran- y para olvidar la del árbitro y sus ayudantes.

En octubre de 1977, con ocasión de habérseme hecho el encargo de pronunciar la lección inaugural del “Centre d’Estudis Esportíus” del Valencia C.de F. puse de manifiesto mis dudas acerca de lo de deportivo que pudiera tener el fútbol y expresé mi desconfianza en la ecuanimidad de los árbitros. Aquéllo resultó ser una tormenta en un vaso de agua y aunque algunos “redactores deportivos” del momento intentaron saltarme al cuello, no tuve que soportar demasiados inconvenientes. Más bien fueron divergencias de opinión. Luego, el tiempo, me ha ido dando la razón.

El árbitro del Valencia-Español de anoche se equivocó demasiadas veces. Más de las que les tendría que estar permitido equivocarse al árbitro de una competición -un espectáculo- en la que se juegan muchos miles de euros.

Se equivocó el señor González González al no señalar como penalti el derribo a Adúriz por parte de Kameni, el portero del Español, se equivocó en la expulsión de Adúriz, que no agrede, sino que se quita de encima a quien le está haciendo falta y se equivocó al dar como válido el gol de Mata en el último minuto, porque Mata estaba en fuera de juego. Y se equivocó al no prorrogar en un minuto el tiempo añadido porque los jugadores del Valencia, haciendo gala de falta de deportividad, perdieron un minuto en celebrar el gol y en felicitarse. Además, durante el primer tiempo consintió entradas duras de los jugadores del Español que, evidentemente, no eran muestra de lo que se podría llamar “juego viril” y sí “mala leche”.

Expuesta así mi postura, debo decir que el gol de Mata me supo a gloria. Pocas veces me había proporcionado un gol tanta satisfacción como la que me proporcionó ese gol ilegal. Ahora, después de muchos años, entiendo el placer que significa ganar de gol injusto en el último minuto. Otros aficionados de otros equipos me lo habían dicho y nunca les creí. Ahora lo entiendo, ¿comprenden? ¡Ya era hora!

Trampas en el deporte

Todo el mundo se ha puesto de acuerdo para rechazar el dopaje en el deporte. Doparse hace feo porque consiste en confiar a sustancias no naturalmente elaboradas por cada cuerpo de cada atleta la consecución del fin que se propone, bien sea llegar primero, llegar más alto, levantar más peso, lanzar algo más lejos o saltar más metros. En definitiva cosas simples a las que el hombre llega mediante el entrenamiento, la constancia y la condición física y, últimamente, la concentración mental. Me estoy refiriendo con ésto al esencial de todos los deportes: el atletismo.

Por otra parte están los deportes llamados de competición que tienen como base las cualidades esenciales del atleta, combinadas con una habilidad específica en cada caso: lanzar una pelota para que entre por un aro, ganar metros para conseguir que un extraño balón ovoide pase por entre unos palos, avanzar con un balón redondo para hacerlo pasar por la línea de la portería … Todos estos deportes tienen sus reglamentos, sus Asociaciones que cuidan (?) de que se mantengan las esencias de cada uno y emiten modificaciones al reglamento básico.

Hacer trampas es alterar el resultado mediante acciones que no están contempladas en el reglamento. Pero ahí es donde le duele. Desde que en el tiempo de las manzanas paradisíacas perdió el hombre la inocencia, se las ha apañado para no jugar limpio nunca y ha encontrado en la interpretación de los reglamentos la manera de ganar puntos desde los despachos, mediante la coerción al árbitro, la presión de la grada o la pillería.

No es infrecuente ver a entrenadores de primera división del fútbol patrio gritando a alguno de sus jugadores, a modo de consejo de urgencia, que hiciera falta al contrario para impedir una progresión, un avance de los “malos”. A mi entender, eso es hacer trampa a la nobleza que ha de presidir cualquier enfrentamiento deportivo. Porque la “falta” no ha de ser considerada como un lance del juego, precisamente habría de ser todo lo contrario; el que comete falta se coloca al margen de la ley. Una falta debe ser siempre un hecho involuntario, que se sale del reglamento, en el curso de una competición. Algo que se hace a conciencia debería ser motivo de alejamiento del infractor del entorno de la competición, es decir habría de castigarse con la expulsión. Pero eso no se hace.

El fútbol es un deporte que ha impuesto su belleza -cuando se juega bien- al resto de deportes, que no cuentan con la afición que tiene el deporte del balón redondo. En los actores del fútbol -entrenadores y jugadores- se miran muchos jóvenes y muchos niños que los tienen como sus ejemplos a imitar. Si les damos los ejemplos que se ven en los campos de fútbol y en las retransmisiones televisadas, ¿pretenderemos que se comporten de manera limpia en las acciones que emprendan?

Las pérdidas deliberadas de tiempo, el provocar una tarjeta amarilla, las faltas llamadas “tácticas”, valen actualmente para alimentar el principio de que el fin justifica los medios. Suelen proporcionar un gran regocijo a los partidarios del equipo que las emplea y una rabia tremenda a los partidarios del equipo contrario. Lo malo es que son dopaje de la competición a la que adulteran. Y eso lo hacemos, lo consentimos, delante de los ojos de nuestros hijos…

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