Cosas de José Antonio, para andar por casa…

Aquí se puede opinar con cortesía y "animus iocandi"

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UN SUCEDIDO

Escuchaba a un amigo de noventa años, comentar con otras personas que una vez tuvo un par de zapatos que le hicieron a medida por encargo de su madre. Seis pesetas le costaron … y no los pudo llevar nunca porque sus pies, hechos a la casi total libertad de las alpargatas, no resistieron el encierro entre paredes de grueso cuero y cierres de cordón contra los que se estrellaban los intentos de huída.

Tuve un par de botas hechas también a medida por el mismo zapatero y puedo asegurar que eran casi eternas. No había piedra, bote u objeto suelto en cualquier calle que resistiera el puntapié dado con ellas. Salía disparado a velocidades impensables de alcanzar con las alpargatas.

El relato vienen a cuento de que un chavalín, sentado en un banco de la plaza, antes de las doce de la noche, contaba a otros coleguillas que sus Nike eran de las que usaba Messi-o algo así- y que tuvo que montarle un “pollo” a su madre para conseguir que se las comprara. Ella no quería, pero el padre se puso de parte del barbáis y la madre no tuvo otro remedio que claudicar. Al parecer las dichosas botas costaban ciento cincuenta euros -lo que es una “pasta”- pero el chaval va con ellas de maravilla.

Lo que me asombra de todo el asunto es que el resto de la panda  -gente de entre doce y trece años- se sumó a la fiesta con los consabidos: “pues yo…” en los que dejaban en muy mal lugar a los padres que, al parecer, o iban sobrados de dinero o no sabían administrar.

Si no nos embridan pronto, salimos desbocados, caray.

Opciones y elecciones

La vida es un permanente estado de elección. Desde que nacemos estamos eligiendo opciones a sabiendas o sin saberlo. Hay ocasiones en las que la elección te condiciona para el futuro, te ata a lo elegido y no hay manera de librarte de lo que te acontece a partir de ella. En cambio, la mayor parte de las veces lo que ocurre es que se pierde la oportunidad de hacer una cosa u otra dependiendo del cuál haya sido la elección realizada.

Ésto  es lo que les ocurrió a un par de amigos que fueron invitados, por quien podía hacerlo, a presenciar la carrera de Fórmula 1 de ayer en Valencia en la que Fernando Alonso partía de la 11ª –oncena o décimo primera, que nadie lea onceava, por favor- posición y nadie daba un euro por él hasta que acabó llegando el primero a la meta con gran contento y regocijo de los espectadores españoles. Los amigos en cuestión se quedaron sin poder henchir sus pechos del espíritu patrio que acompaña siempre a estos triunfos y lo malo no es sólo eso, sino que se les quedó cara de bobos, como puede comprobarse en el testimonio gráfico que se acompaña. ¡Ay, si ellos hubieran sabido que Alonso iba a adelantar incluso a Grosjean que aunque naciera en Suiza huele a gabacho…!

… se les queda cara de bobos…

Ya que hablamos de orgullo patrio, hablemos también de la selección. -¿Cómo que de qué selección? ¿Usted es tonto o qué? De la que eliminó a Francia de estos europeos para regocijo de enemigos de guiñoles y de franceses… en el buen sentido de la palabra enemigos, claro.

Lo del europeo de fútbol ha exacerbado la pasión por dar patadas a un balón… sea donde sea. Ahora que está muy en boga quejarnos por todo, voy a quejarme de la conversión en campo de fútbol de mi querida Plaza del Olmo. Cuando yo era chaval, allá por el neolítico, el tío Antonio el Alguacil era persona que, con su sola presencia en la plaza hacía desaparecer cualquier conato de competición futbolera. No toleraba ni siquiera el peloteo suave, antecedente del “toque” de los seleccionados españoles . Pues bien; ahora, con eso de no traumatizar a los jóvenes valores del balompié patrio hay grupos de tiernos infantes que toma la fachada del Museo Manolo Rodríguez, como la portería enemiga a la que  hay que batir a toda costa. ¡Y vaya si lo hacen! Con un estilo impecable -que mejor quisiera yo para su modo de escribir, de hablar y de comportarse- los ninios sacuden unas patadas tremendas a balones de reglamento que resuenan como bombas al dar con la pared.

En mi apreciación, son los papás y las mamás las que debieran reprender semejantes actitudes, pero ellos fomentan “la posición del cuerpo en el golpeo” y ellas viven mejor al fresco de una horchata o sentadas en los bancos. El Ayuntamiento, la Policía Municipal, está enfrascada en otros menesteres y no aparece por el Centro Histórico y la competición sigue impune ante mi gesto de contrariedad permanente.

 Claro que, a escasez de medios, ingenio; el Ayuntamiento ha conseguido frenar el bombardeo a una fachada que pagamos entre todos, no hay que olvidarlo, y simplemente con dejar que un coche aparque en lugar prohibido, ha resuelto el problema. Véase la muestra en un pequeño descanso de la competición de ayer por la tarde.

Entre la opción de tener que imponer -palabra maldita, aunque se trate de lo que sea justo y legal- y la posibilidad de buscar el antídoto en otra falta, se  elige lo segundo. A fin de cuentas, electricidades del mismo signo se repelen.

Carta de Pepe a Isidro

Un Concierto

Querido Isidro:

Ya he podido comprobar, que la “clase” termina por imponerse. Ahí tienes al Real Madrid Campeón de Liga, como hace tiempo me habías pronosticado. La emoción de los últimos partidos sólo ha servido para mantener el interés en el campeonato, que -debes darte cuenta- es cosa de dos. El resto somos los comparsas de este circo que es el fútbol, así es que la competición ha perdido todo el sentido gracias a los dineros que os gastáis en fichaje . Y que conste que empleo la palabra “circo” en alusión a lo que de “distracción” tuvo en el Imperio Romano.

-¡Somos los mejores!, parecen gritar los rostros de los madridistas de siempre y los de ocasión -que la gente se apunta a subirse al carro del vencedor- en estos días de euforia y alegría… espurias.

Y lo digo con el conocimiento que de la vida me dan los años. Probable es que la gente quiera aturdirse con lo que se les ofrece de alegre, pero -sin querer que todo el mundo esté con la cabeza hundida- la que tenemos liada es de las de “no te menees” porque si algo se menea… se cae.

Esta mañana he leído en algún periódico que las reformas que está llevando adelante el Gobierno de Rajoy “son tan impopulares como imprescindibles” Y yo que miro en mi derredor y veo cadáveres por todas partes, -de empresas, de proyectos, de ilusiones, de vidas truncadas- me pregunto qué extraño atractivo tendrá el poder para hacer que personas como D. Mariano -Rajoy, claro- que podrían quedarse tranquilos en sus casas, salten a la palestra a asumir responsabilidades que les obligan a tragar, al menos, un sapo cada mañana.

Por más que intento cogerme al clavo ardiendo del patriotismo, no puedo terminar de creérmelo. Cada vez me aparece el diablo de la codicia y me dice que es por ser más por lo que se aventuran a esos desagradables desayunos diarios. Por ser más poderosos, más ricos, más influyentes, más conocidos…

Flores

Y visto así, he de reconocer con Espronceda que pienso que:

“…allá muevan feroz guerra /

ciegos reyes, / por un palmo más de tierra…” porque aquí, en el pueblo, tengo por mío casi todo lo que es de mis amigos; alguno me regala entradas para la ópera, otro me invita a una paella que hace con mano maestra, uno me regala chuletas de un cordero que acaba de matar, otro  me lleva a coger habas que son manteca pura, hay quien me trae flores a casa y no falta alguna que me obsequia con una tarta de queso deliciosa; pero todos me ofrecen su afecto que hace mucho más valioso el obsequio. Yo les ofrezco naranjas, que unas veces toman y otras no, siempre -desde siempre- mi cariño y mi absoluta buena disposición hacia ellos. Sin más, pero es suficiente.

Así es que, querido pariente, he decidido con Fray Luis retirarme a la “descansada vida”, olvidarme del “mundanal ruïdo” y “seguir la senda por donde han ido / los pocos sabios que en el mundo han sido…”

Para no aburrirme, hago un programita de radio que entretiene mis horas de ocio y que colma la necesidad de halagos que siempre he tenido. Hacemos poesía todos los lunes, de 19:30 a 20:00 en el 87,7 de la F.M. en Radio Escabia. Por si la quieres escuchar la encontrarás en http://www.radioescavia.com. El programa se remite los domingos desde las 10:30 de la mañana.

¿Ves como no es necesario ser campeón de Liga ni siquiera vivir en Madrid para ser feliz?

Salúdame a todas las mujeres de tu familia y a todas las que conozcas aunque solo sea de pasada…

Un abrazo

Pepe

 

ANUNCIOS DE TIEMPO

Es impresionante contemplar el despliegue de técnicas y de tecnologías de que hacen gala las emisoras de televisión a la hora de presentar “El Tiempo” y sus previsiones: fotografías en el espectro visible, mediante infrarrojos, algoritmos de todo tipo, mapas interactivos que despliegan iconos de lluvia o sol, colorines que indican dónde y cuánto está cayendo, flechas que indican las antes llamadas corrientes en chorro… Y mapas, muchos mapas que van presentando la evolución del tiempo día a día, hora a hora si fuera preciso. Las previsones se permiten el lujo de hacerse con varios días de antelación para que el personal sepa de antemano qué es lo que le deparará el tiempo atmosférico y que pueda, así, hacer los planes que más le convengan. Por si fuera poco, casi siempre aciertan. Y todo eso casi sin despeinarse. Ya quisieran mis paisanos haber tenido esa información cuando había que hacer “hormigueros”. ¿Cómo? ¿Que no saben lo que es eso? Entonces tienen una laguna importante en su educación.

Mis paisanos sabían que bajo la superficie de la tierra de labor anidaban diferentes insectos que, por lo que fuera, no les caían bien. La “miseria” de la tierra les llamaban: grillos, “gatos sebolleros” (sic), hormigas, “rapaculos” (otra vez sic), escarabajos y otros minúsculos habitantes del subsuelo cuya vida hacía más difícil la prosperidad de los cultivos y mermaba la cosecha. Para acabar con “la miseria” inventaron los “hormigueros” que consistían en motones de tierra puestos sobre leña menuda, a modo de pequeños “igloos”. Unos agujeros hábilmente dispuestos en la base, servían para prender la leña y que no se apagase la combustión que había de servir para calcinar la tierra y acabar con los indeseables insectos y con los huevos que hubieran de dar vida a otra generación de animalitos dañinos para los intereses de los agricultores.

A simple vista, a todo el mundo le parecía éste un buen sistema, que venía poniéndose en práctica -sin análisis ni discusión- “desde siempre”, de “toda la vida”. Hasta que los Agentes de Extensión Agraria fueron informando a los labradores de lo que cualquiera no aferrado a ultranza a la tradición hubiera advertido: que los insectos huían ante cualquier movimiento de tierra, que se mataba muy poca “miseria” y que la tierra que quedaba -calcinada- era muy poco apta para aportar nutrientes a las plantas, puesto que la materia orgánica que pudiera contener, desaparecía con la práctica de los “hormigueros”.

Los dichosos “hormigueros” habían de realizarse en tiempo seco como es natural, porque la combustión duraba más de un día. Para tener una orientación se recurría siempre al vaticinio de alguien que “entendiera” del tiempo, ya que el Calendario Zaragozano no era muy fiable, en sus predicciones a largo plazo. Así es que la decisión de hacer o no hormigueros dependía del consejo de quien “supiera” de “tortosanos”, “torresicas” “maretas”, “ponientes” o “nortes”. Es fama en el pueblo que el ciudadano en cuestión, el más afamado, era célebre porque siempre se le mojaban los hormigueros cuando los hacía en sus huertas. No hubiera habido tanta tribulación de haber contado con las previsiones del tiempo en la tele.

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En mi pueblo, había, además, un personaje determinante en esto de anunciar el tiempo: el sereno. La persona encargada de patrullar las calles para tranquilidad de los vecinos a partir de la media noche y que se ocupaba de cantar las horas y de anunciar el tiempo que estaba haciendo durante su ronda mediante una especie de “oración-reloj-parte meteorológico” que venía a decir: “Ave María Purísima, las doce, sereno”. 

Podían ser las doce, la una o las dos o las tres, como en la canción de Sabina, y estar sereno, nublado o lloviendo; o también, como cantó aquél entrañable sereno de mis años mozos: “ni sí, ni no” ante la ligera llovizna de la noche; que no tenía a su disposición los elementos con los que discernir qué era lo que estaba pasando. ¡Qué tiempos!

Correspondencia II

... La Copa del América...

Querido Pepe:
Por aquí el frío se nota más que por ahí. En todos los sentidos. Nos han dejado fríos la ola y Los recortes de Rajoy. Ya te puedes figurar por qué cada uno de ellos, aunque en realidad empezó el que empezó y como dejó todo esto hecho unos zorros, alguien tiene que empezar a levantar las alfombras para ver qué hay debajo.
Los que lo tenéis difícil sois vosotros, los Valencianos, venga Copa del América, venga Fórmula 1 y “eventos” -que es una palabra que no me gusta nada- grandiosos y según dicen todos, ahora sois una especie de Comunidad “piltrafilla” que debe hasta callarse.
Por si teníais poco, va el Barsa y os mete “una manita” y os da un baño sin despeinarse; vivimos tiempos de confusión, como dice siempre un amigo mío, socialista, que lo repite sea el tiempo que sea, quizás porque él ve al hombre perplejo siempre o porque el permanentemente confundido sea él, nunca lo sabré.
Ya no se puede uno fiar de vosotros que siempre nos ayudábais a frenar a los “catalinos” en la disputa por la liga con los goles de Mendieta, del Piojo López. Eran tiempos en los que el Madrid lo podía todo.
No me cabe en la cabeza que haya tanto chorizo en esa tierra porque siempre pensé que gastar la “pasta” en algo que perdura era mejor que derrocharla en “embajadas” y en “inmersiones lingüísticas” que han llevado a que en el Senado tengamos traductores para que le digan a Mas lo que ha dicho Griñán y viceversa, en lugar de dejarles hablar en castellano a los dos que es la lengua en la que se entienden. Mal de la cabeza estamos cuando los idiomas, que han de servir para que nos entendamos, se emplean para evitar el entendimiento.
Gracias por tu ofrecimiento, pero, por el momento, aún podemos sobrevivir y no es necesario que pasemos a depender de nosotros solos para conseguir el sustento, pero tal como van las cosas nunca se sabe.
Lo que sí contamos es el tiempo que falta para que podamos estar por ahí en vacaciones tomando el sol, mojándonos en la playa y disfrutando de las paellas y demás delicias que nos preparáis con vuestra habitual acogida.
A ver cuando os decidís a venir unos diítas a disfrutar de la capital del Reino. De paso, si hay partido en el Bernabéu, podrás ver buen fútbol, que ya debes tener ganas.
Besos a los niños y un beso a tu chica.
Isidro

ECOLOGISTAS Y “ECOLOLISTOS”

Me da el pálpito de que algunos intereses se mueven alrededor del ecologista. Vaya por delante que  no me gusta nada -pero nada nada- la proliferación de entidades que se “dedican” a la “protección” del medio ambiente y que desconfío por sistema de cualquier movimiento que tenga por lema “Salvemos…” “Salvem…”  o similares y mucho más de las que afirman que “a los ratones que son alimentados con transgénicos se les ponen lo cojones azules.” A éstos es a los que califico de “ecololistos“, porque se valen de lo que de algunos años a esta parte nos han vendido como “políticamente correcto” en materia de medio ambiente para hacer su agosto… y el resto de meses del año.

Cuando analizo las acciones de los ecololistos, siempre me da el tufillo de que detrás de ellas hay algún tipo de interés oculto. En las acciones de los que ellos critican también hay intereses, pero esos, al menos, son evidentes y están a la luz. Por eso, pese a lo innoble que pueda haber en lo que hacen, todos sabemos de qué van y podemos elegir. Los ecololistos siempre van de buenos y, a veces, incluso lo son, pero en la mayor parte de los casos arriman el ascua a su sardina aunque los humos que resulten sean contaminantes, que una cosa es predicar y otra, dar trigo.

No es poco el dinero que en subvenciones,suscripciones y modos varios, ingresa en las arcas de las asociaciones “ecololistas” y sólo puedo poner objeciones al que proceda de subvenciones hechas con dinero público, que también es mi dinero,  y al que obtengan por medios que se deriven de publicidad que no cuenta toda la verdad, pero me duele desde el primer duro hasta el último céntimo que va a los administradores. Me duele, pero me aguanto, como no puede ser de otro modo.

Creo que cualquiera puede aportar su grano de arena a la ecología, dentro de lo que nos es dado a los ciudadanos disponer de medios contaminantes o no. Por mi parte, reciclo escrupulosa y constantemente los residuos que produce mi hogar, conduzco a velocidades moderadas, paso las revisiones que sean pertinentes para tener a punto mi vehículo, ahorro cuanto puedo -dentro de las fronteras mínimas del confort- en energía eléctrica y calefacción y “siento” que haciendo lo que puedo estoy cumpliendo con lo que espera de mí la sociedad, el resto de mis conciudadanos.

¿La mejor recompensa? La cara de satisfacción de Miguel

Ya está libre el animal...La buena gente del común se comporta, más o menos, como yo y algunos van a más, como mi paisano Miguel y su sobrino Víctor que, en uno de sus paseos entre Morella y Fredes se encontraron una hembra de “capra hispánica” que se había enredado en los alambres de una cerca y no podía zafarse de la trampa que podría haber sido mortal para ella. Sin pensarlo un instante, y pese a que la cabra lucía unos cuernecillos puntiagudos como navajas cabriteras, mientras uno mantenía al animal en vilo, el otro desenredó los alambres que mantenían cautiva a la que hubiera sido presa de algún depredador y dejaron suelta a la cabra, que desapareció como una exhalación hacia donde su instinto le encaminó. No hay más que ver la cara de satisfacción de Miguel, en la foto de la izquierda mientras Orlón, su perro, -en la parte inferior izquierda de la foto asoma su hocico- permanece atento a las órdenes de su amo, que lo lleva con el bozal puesto en los paseos por el monte, no vaya a ser que la naturaleza del animal pueda más que su educación -que es mucha- y cometa algún desaguisado. Un ejemplo, el del amo y el del perro, que habrían de seguir muchos de los poseedores de mascotas que nos “brindan” a todos los excrementos que ellos habrían de ir recogiendo.

Muchos son los que hablan y no paran acerca de lo que le conviene o no al planeta. Otros, en su vida diaria, hacen lo que les dicta el sentido común que deben hacer para que la vida siga rodando, que de los grandes proyectos de salvar… lo que sea ya se encargarán otros. La vida, tal como la conocemos, ha venido evolucionando desde hace muchos millones de años y seguirá haciéndolo otros muchos millones más. Cuanto menos haya que intervenir en ella, mejor, puesto que el hombre es uno más de los seres que pueblan el planeta.

No es necesario que haya grandes instituciones, sociedades, grupos de presión, para seguir adelante. La solución está en una educación que permita al ser humano liberar, día tras día, cabras cogidas en la trampa de unos alambres de espino.

Saludos

Cosas que tiene el guiñote

De entre los juegos de cartas, el preferido por estos pagos es el guiñote. Un entretenimiento que, de haber sido descubierto por los anglosajones, sería juego obligado entre los jugadores de todo el mundo; pero, claro, aquí no hay “honores” ni picas ni tréboles: oros, copas, espadas, bastos y “cantes” en lugar de honores; las manos son “garras” y se juega a “cotos” que pueden ser del número de garras que se determine, generalmente, por aquí, de cuatro. Retranca, toda la del mundo y picardías más que cañas tenga un cañar. Hay tantas picardías que se admite como parte del juego el renuncio, es decir, el juego en contra de las reglas establecidas que si es descubierto por el contrario acarrea la pérdida de la “garra” y si pasa… pasa y se da por bueno el tanteo; pero el renuncio lleva como condición que si el que renuncia se ha equivocado en su apreciación, pierde la garra. En definitiva que no se premia la capacidad de “jugarlas bien”, que eso hay que darlo por supuesto, sino la pillería, lo artero, la “rabosería” y el juego sucio… siempre que no se descubra. El pícaro tiene más ventajas que el sabio. ahora que lo pienso, quizás por eso los anglosajones tienen poco que hacer en este negocio.

Las partidas se ganan cuando se "arreglan"


Así es que se dan situaciones como la que he visto esta tarde: una partida desigualada en la que una de las parejas era de las que se acuerdan no sólo de “lo” que ha salido, sino -y esto es mucho más importante- de “lo” que falta por salir. Además, “saben” en qué mano están las cartas que importan; bueno lo saben o lo suponen, que a veces se equivocan. Los contrarios, de los que confían en la providencia divina y en coger más triunfos que los otros. Así es que, a poco que rueden las cartas de acuerdo con unas estadísticas basadas en medias, el empate lo tienen asegurado por más cosas contrarias a la lógica “guiñoteril” que hagan a lo largo de la partida; pero ésta es una cosa de las que tiene el guiñote, que “a labrador tonto, patatas gordas” y, así, los ganadores “a priori” se han convertido en víctimas “por la gracia de Dios”, como le gustaba decir a algún viejo jugador ya desaparecido y cuya semblanza quizás haga algún día.

ALGUNAS COSAS DE LA MODERNIDAD

Son evidentes la evolución de formas de vida y de costumbres en nuestra sociedad actual si la comparamos con la de hace apenas unos años. Han terminado las fiestas del pueblo y me ha dado por pensar en cómo han cambiado las cosas. Para muestra, basta con aportar un botón:
Los denostados “bous al carrer” -“los toros” en la acepción de mi pueblo- eran una fiesta participativa durante el que más y el que menos administraba su miedo en función de sus gustos y ¿por qué no decirlo? liberaba sus frustraciones con algún que otro palo en las costillas de los animales. Hubo -siempre ha habido- intentos de prohibición de los toros y en especial de los toros “embolaos” por quienes no se han parado a considerar siquiera el alcance del fuego próximo a las astas, que nunca en ellas; pero desinformados llenos de cariño y de amor filial a los animales ha habido siempre, desde San Francisco de Asís.
No me quiero desviar de la cuestión. Hace no mucho tiempo el esquema del desarrollo de la fiesta de los toros era éste: una comisión de jóvenes, o no tan jóvenes, contrataba con un ganadero las entradas de ganado en la plaza -todos los días a las dos- el número de animales que se sacarían en “exhibición” -era el eufemismo empleado para burlar la prohibición- y los toros “embolaos” -generalmente dos- del jueves y del sábado. Las ganas de correr, la imaginación para divertirse, la aventura personal y la alegría la ponían el dulzainero, -acompañado de un tambor, que no “tabalet” que iba tocando “tocaquitas” durante la “exhibición” y que se encargaba de dar los tres toques reglamentarios antes de la salida de cada res- y la que cada uno llevara en el cuerpo, acrecentada, por lo general, después del toro de la merienda

La diferencia entre antes y ahora estriba en que el ganadero trae a los toros que hayan de correr. No los mismos para la entrada que para la plaza; los de la entrada son carne de matadero que trota sin convicción de un lado para otro ante la algarabía de la gente. Para la plaza se reserva ganado más “fuerte”, pero como los animales si no se les incita no hacen más que dar alguna que otra tarascada, el ganadero, la comisión o ambos pagan a jóvenes atrevidos,-recortadores- que hacen el espectáculo, valiéndose de “pirámides”, “cajones” y artilugios varios que transforman lo que era participación en espectáculo.
Como decía Baroja, don Pío, “a mí dadme los viejos… los viejos caballos del tiovivo…”

Remar contra corriente

No resulta conveniente ponerse a remar en contra de la corriente. Hacerlo, siempre comporta molestias y no pocos sinsabores. Hoy es día de retornos y no de los de carretera precisamente, sino de los que, nacidos en Navajas, andan ganándose la vida por esos mundos de Dios. Conozco el asunto porque yo he sido una de ellos en otros tiempos ya lejanos. Los más madrugadores vuelven hoy para contar al Olmo sus glorias y sus penas; al Olmo y a sus paisanos. Y, por unos días, se sentirán a gusto, respirarán hondo y podrán hablar en un idioma que viene de antiguo sin temor a que nadie sonría a escondidas por oírles hablar con el “ico”. Luego, volverán a los sitios en los que pelen por ganarse el pan, en contra de toda esperanza de que el pan sea abundante, y en los que la vida les maltrata a pesar de que ellos creen ser unos privilegiados.
Tengo un amigo muy rico, que cuando era pobre decía: “Si los pobres supieran lo bien que viven los ricos…”. Luego, la vida le trató bien y ha hecho un “capitalazo”, pero dudo de que sea feliz en el sentido noble de la palabra. Él sí que sabía lo que significa para el pueblo o no ser un privilegiado. La gente se conforma con poco, con lo que ve en el corto horizonte de sus miras inmediatas y, cuando lo consigue, se siente en la cima del mundo.
Ahora me doy cuenta de que hoy, día de la presentación al pueblo de la Reina de las Fiestas y de las Damas de la Corte de Honor que le acompañan, he estado remando contra corriente. No es la primera vez y confío en que no sea la última.
Felices fiestas.

¿Quién podrá pararnos?

Es conocida mi incapacidad para entender lo que está pasando a mi alrededor. No puedo llegar a entender cómo se habla de crisis, de desastres en el terreno del empleo ni de falta de capacidad empresarial, cuando la realidad nos muestra, un día tras otro, que tenemos mimbres más que sobrados para hacer los cestos que la coyuntura demande, los que cualquier coyuntura demande. No es necesario que nos vayamos a buscar líderes fuera de nuestras fronteras ni que imitemos modelos que otros hayan puesto en práctica. Es suficiente con que echemos la vista en derredor y contemplemos cómo se organizan las cosas, con qué prontitud, rapidez y capacidad, mayores y chicos se ponen al avío de emprender algo en común y lo consiguen con resultados sobresalientes.

Todo preparado para la cena. Pefecta organización.

En las recientes fiestas de mi pueblo, los organizadores –todos jubilados o prejubilados- han hecho gala de virtudes que para sí quisieran los capitanes de empresas de allende nuestras fronteras, porque los susodichos han demostrado:

a)     Capacidad de organización: entre unos cuantos -no más de quince- han preparado una serie de actos festivos para entretener a una masa de gente durante al menos diez días sin que hayan tenido que despeinarse.

b)    Ejecución con economía de medios: lo han hecho al reclamo de una devoción popular y poniendo como enganche cenas de las llamadas “de sobaquillo” servidas en largas mesas montadas al fresco de la noche y en la vía pública en las que los cacahuetes, los altramuces, las olivas, el vino o la cerveza y la gaseosa han sido el anzuelo, puesto que la conversación no podía tener lugar más que entre vecinos de al lado o con los que tocaran enfrente ya que la dimensión –unos veinte metros de largo- impedía otra comunicación que no fuera la visual con el resto de compañeros y la algarabía hacía difícil incluso la charla distendida con el vecino a no ser que se elevara el tono de la voz.

c)     Poder de convocatoria: pese a las dificultades expuestas, la asistencia ha sido masiva y no menos de doscientos comensales se han dado cita puntualmente, noche a noche, para cenar en compañía. Cualquier restaurante famoso se las ve y se las desea para reunir una cantidad así de gente de una manera constante. Ningún conferenciante llena más allá de treinta butacas un día tras otro y muchos políticos se darían con un canto en los dientes por tener doscientos ciudadanos dispuestos a seguir sus discursos y a secundar sus acciones de total acuerdo, porque éste es otro de los logros demostrados.

d)    Capacidad de acuerdo: Ni una voz en contra, ni un mal gesto entre los asistentes y ¡el silencio más absoluto reinando en la Plaza del Olmo! Eso sí; un silencio sólo roto por la voz de la señora que cantaba los números del bingo –dos o tres cada noche- con una profesionalidad digna de encomio: “El 27, dos siete”. “Han cantado línea…” Ya quisiera el presentador de la Reina de las Fiestas o el Director de la Banda de Música, que se tuviera a sus actuaciones el respeto que se tiene a la maravillosa letanía de los números del bingo.

e)     Capacidad de administración: No sé con exactitud cuál puede ser la cuota que se abone para pertenecer a la sociedad que organiza lo que vengo describiendo, aunque no creo que sea una cantidad exorbitante. Con lo que se recauda, supongo que con los beneficios del bingo y alguna aportación extraordinaria que siempre debe haber, se compran las pitanzas, se paga el alquiler de las sillas –supongo que algo de eso habrá- se pagan las actuaciones musicales –dos, al menos, en el tiempo de los festejos- y lo pasan bien algún centenar de personas que “socializan”, como se dice ahora,  adecuadamente. Cualquiera de los tres bares que hay instalados en la Plaza mejoraría su cuenta de resultados de contar con los ingresos que esas doscientas bocas consumidoras les podrían proporcionar durante los diez días que duran estos fastos; pero el genio administrador de los dirigentes se las ingenia para comprar en cantidades grandes lo que calculan que vaya a ser consumido y así “todo cae en casa”.

f)      Capacidad de entusiasmar: no cabe duda de que ha de haber momentos de incomodidad en la celebración de las cenas, pero todo el mundo los asume, los sufre en silencio y los interioriza. No sé si con ánimo de sacrificio o porque pedir peras al olmo tampoco es demasiado racional y al mal tiempo deciden poner la cara de los días de fiesta en los que estamos. A todos los que participan se les ve cara de felicidad. Los que no lo hacemos, miramos con caras diversas: de estupor, de incredulidad, de ignorancia. Se ve que no estamos tocados por la gracia divina. Los que participan, mayores, pequeños, medianos, valencianos, navajeros, se les nota el entusiasmo con el que acuden noche tras noche en esta primera decena de agosto.

g)     Capacidad de improvisación: todo esto no se planifica a lo largo del año. Las Fallas –en cuyas Comisiones habrá que buscar el antecedente remoto a este tipo de convocatorias- empiezan su andadura al día siguiente de haber sido quemado el monumento y durante todo el año se va recaudando -mediante loterías, aportaciones, actuaciones y homenajes varios-, el dinero que las hará posibles; pero aquí, las gentes que se integran en el invento son capaces de empezar a pensarlo en el mes de julio sin pararse en barras. Luego, lo planificado saldrá mejor o peor, pero siempre hay una solución ingeniosa para cada cosa que salga mal. Y no faltará la petición de socorro o de colaboración –generosamente correspondida- en cuanto sea necesaria para despejar de mesas el “comedor” para dar paso al baile una vez que se haya terminado el bingo.

¿Quién diría ahora que somos una nación a la deriva, sin pulso y sin temple ni recursos para sacar adelante cualquier proyecto que se nos antoje? ¿Será –quizás- que los jubilados o los prejubilados son los que tienen las ganas, el tesón y las virtudes que se suponían en otro tiempo a los españoles? ¿Hay un fallo de eficacia, de laboriosidad, de empuje, entre la generación capaz de hacer todo lo que he dicho antes y la que actualmente anda dispersa, desorientada, desperdigada, inane, y falta de coraje para abordar lo que debe abordar? ¿No sabe, no quiere, no puede la juventud actual –esos JASP de otros días- tirar del carro? Porque lo que es cierto es que los adolescentes, los preadolescentes e incluso algunos de sus abuelos también han demostrado virtudes desconocidas durante estas cenas y los bailes que les han seguido. Sobre todo durante los bailes.

a)     Conocimiento de los número interpretados: a mi entender, desde “Los Pajaritos” hasta aquí no ha habido ni un solo número que no haya sido bailado adecuadamente y coreado a voz en grito por los asistentes más jóvenes y también por los no tan jóvenes, pero saltando de generación. Eso supone un conocimiento de las letras, no siempre fáciles hay que reconocerlo, que abarcaban un largo período de tiempo lo que presupone un dominio de la historia reciente que no está al alcance de cualquiera y que demuestra< a las claras

b)    Capacidad de memoria en varios aspectos: no es sencillo

  1. recordar las coreografías, a veces complicadas, que exigen los bailes modernos; el Coyote y otros números por el estilo son ciertamente difíciles de rehacer tras largo tiempo sin la práctica. Pues bien, era como un ejército maniobrando en perfecta formación, los pasos, las palmadas, las vueltas, todo en perfecta sincronía como si hubiera estado ensayado al milímetro una y otra vez, cuando la realidad es que la mayor parte de los bailarines ni siquiera viven cerca durante el resto del año. Una muestra más de la capacidad de memoria de movimientos y de acuerdo en la realización de tareas en común que exigen disciplina, rigor y olvido de individualismos disgregadores.
  2. Tampoco es fácil recordar tantas y tan variadas letras de canciones en idiomas distintos del propio, en inglés por ejemplo, que se cantaron a lo largo de las actuaciones ciertamente inolvidables de los conjuntos que ejecutaron sus canciones sobre el escenario.
  3. La memoria del material sin sentido es uno de los factores que intervienen en la medida de la inteligencia. Los estribillos o canciones compuestos de “bu-kla-no  rs-men-taj” –es un decir- de duraciones que a mí me parecieron interminables, no tuvieron un solo fallo y fueron casi escupidos con entusiasmo a los actuantes por parte de los participantes en los bailes sobre todo, insisto, adolescentes, preadolescentes y sus abuelitas de manera muy especial. Esa capacidad de recordar cosas que no tienen ilación ya la quisieran para sí los escandinavos, o anglosajones que nos dan envidia con sus calificaciones del informe Pisa. ¿No estarán confundidos los que lo elaboran?

c)     Total actualización: lo último de lo último que hubiera salido al mercado donde quiera que fuera, estaba presente en la memoria y la voz de la gente joven que hacía gala de sus conocimientos supongo que laboriosamente adquiridos y retenidos con esfuerzo de voluntad y tesón. ¿Quién ha dicho que no hay valores ahí?

d)    Empleo adecuado de material remoto: los jóvenes recordaban las canciones, letra, música, coreografía, inflexiones…, todo, que se hicieron en los tiempos en los que no habían nacido, en un alarde de conocimiento de la Historia, al menos la reciente.

e)     Amplitud de repertorio: no se crea que el conocimiento de nuestros jóvenes se limita a un cantante  un estilo; lo mismo se arrancan por sevillanas que bailan un “twist” o los más pausados estilos del “country”. Es decir que sus conocimientos son amplios y de diversa índole.

f)      Capacidad de aprendizaje: tiempo, esfuerzo, repetición son valores que han tenido que emplear para llegar al grado de perfección en las letras, la gracia de los movimientos –incluso de los más salaces- y la seguridad en la ejecución de bailes y cánticos de tribu cohesionada.

g)     Entusiasmo: de todos; jóvenes, mayores, medianos, todos, han venido participando, ejecutando, colaborando, como embarcados en una tarea común necesaria que tuviera una gran trascendencia.

En vista de lo que hemos visto, ¿cómo creer que España es una nación que necesita de la ayuda de las demás para salir de una crisis -¿crisis? ¿qué crisis?- que nos han montado las potencias extranjeras y el sionismo internacional representado por la banca. El contubernio judeo-masónico no podrá con las capacidades de las gentes de esta nación bien demostradas a lo largo y a lo ancho de la geografía patria, porque supongo que no habrá un lugar de España en el que no se dé un fenómeno similar al que acabo de describir. Con un pueblo así, ¿quién podrá pararnos?

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