Cosas de José Antonio, para andar por casa…

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Opciones y elecciones

La vida es un permanente estado de elección. Desde que nacemos estamos eligiendo opciones a sabiendas o sin saberlo. Hay ocasiones en las que la elección te condiciona para el futuro, te ata a lo elegido y no hay manera de librarte de lo que te acontece a partir de ella. En cambio, la mayor parte de las veces lo que ocurre es que se pierde la oportunidad de hacer una cosa u otra dependiendo del cuál haya sido la elección realizada.

Ésto  es lo que les ocurrió a un par de amigos que fueron invitados, por quien podía hacerlo, a presenciar la carrera de Fórmula 1 de ayer en Valencia en la que Fernando Alonso partía de la 11ª –oncena o décimo primera, que nadie lea onceava, por favor- posición y nadie daba un euro por él hasta que acabó llegando el primero a la meta con gran contento y regocijo de los espectadores españoles. Los amigos en cuestión se quedaron sin poder henchir sus pechos del espíritu patrio que acompaña siempre a estos triunfos y lo malo no es sólo eso, sino que se les quedó cara de bobos, como puede comprobarse en el testimonio gráfico que se acompaña. ¡Ay, si ellos hubieran sabido que Alonso iba a adelantar incluso a Grosjean que aunque naciera en Suiza huele a gabacho…!

… se les queda cara de bobos…

Ya que hablamos de orgullo patrio, hablemos también de la selección. -¿Cómo que de qué selección? ¿Usted es tonto o qué? De la que eliminó a Francia de estos europeos para regocijo de enemigos de guiñoles y de franceses… en el buen sentido de la palabra enemigos, claro.

Lo del europeo de fútbol ha exacerbado la pasión por dar patadas a un balón… sea donde sea. Ahora que está muy en boga quejarnos por todo, voy a quejarme de la conversión en campo de fútbol de mi querida Plaza del Olmo. Cuando yo era chaval, allá por el neolítico, el tío Antonio el Alguacil era persona que, con su sola presencia en la plaza hacía desaparecer cualquier conato de competición futbolera. No toleraba ni siquiera el peloteo suave, antecedente del “toque” de los seleccionados españoles . Pues bien; ahora, con eso de no traumatizar a los jóvenes valores del balompié patrio hay grupos de tiernos infantes que toma la fachada del Museo Manolo Rodríguez, como la portería enemiga a la que  hay que batir a toda costa. ¡Y vaya si lo hacen! Con un estilo impecable -que mejor quisiera yo para su modo de escribir, de hablar y de comportarse- los ninios sacuden unas patadas tremendas a balones de reglamento que resuenan como bombas al dar con la pared.

En mi apreciación, son los papás y las mamás las que debieran reprender semejantes actitudes, pero ellos fomentan “la posición del cuerpo en el golpeo” y ellas viven mejor al fresco de una horchata o sentadas en los bancos. El Ayuntamiento, la Policía Municipal, está enfrascada en otros menesteres y no aparece por el Centro Histórico y la competición sigue impune ante mi gesto de contrariedad permanente.

 Claro que, a escasez de medios, ingenio; el Ayuntamiento ha conseguido frenar el bombardeo a una fachada que pagamos entre todos, no hay que olvidarlo, y simplemente con dejar que un coche aparque en lugar prohibido, ha resuelto el problema. Véase la muestra en un pequeño descanso de la competición de ayer por la tarde.

Entre la opción de tener que imponer -palabra maldita, aunque se trate de lo que sea justo y legal- y la posibilidad de buscar el antídoto en otra falta, se  elige lo segundo. A fin de cuentas, electricidades del mismo signo se repelen.

Homo quaerens

Lucha

A menudo me enredo en pensamientos largos
Y doy vueltas y vueltas sin hallar el camino.
A veces me pregunto si será mi destino
Repetir sin cesar mis errores pasados.

No sé bien qué he de hacer, si reir de contento
O llorar con pesar los momentos perdidos.
No sé bien si pensar que todo lo he acertado
O que nunca, el acierto, se alió con mi sino.

Pero lucho y no cejo en mi pugna conmigo
Con mi fe y mi tesón, con mi extraña manera
De caer y de alzarme, de perder y ganarme
El derecho a ponerme el mundo por montera.
J.Antonio Torres
1/11/2011.

Así, tal cual salió, la pongo aquí. ¿Y por qué, me preguntaréis, castigas así a tu ya escasa audiencia? Es una cuestión de mera estimulación de vuestros intelectos adormecidos. Me he propuesto reunir a una serie de personas que tengan ganas de leer SU poesía a los demás, de poner negro sobre blanco y sonido sobre silencio el fruto de sus pensamientos.
Algunas serán cosas buenas, otras -me anticipo a dar ejemplo- no tanto, pero todas serán producto de las reflexiones que cada uno ha hecho consigo mismo, de las preguntas que se ha dirigido. Creo, sinceramente en que el hombre que no se hace preguntas termina embrutecido. La pregunta es el alma del conocimiento y si no la usamos, el conocimiento se oxida.
Además, todo lo que ha permanecido a través del tiempo, las cosas importantes, se nos han dado en forma de poemas. Parece ser que el hombre se eleva cuando trata de expresar algo en verso; pero no es mi pretensión que todo el mundo traiga escritos rimados en consonante y perfectos desde el punto de vista de la métrica clásica, no. Pretendo que el que tenga algo que decir a los demás lo diga y escuche lo que los demás crean que deben decir a los otros porque han pensado algo bello. La consecución de la belleza en lo escrito es lo que me propongo, ahora que, escribiendo, me he ido dando cuenta de a dónde quería ir a parar. No importa el tema, no importa el estilo, sólo importa la capacidad de escuchar a los otros y el coraje de ser escuchado y criticado. Eso sí, con educación, con formas, sin menosprecio.

Buscar la belleza, el bien, la verdad... difícil tarea, pero apasionante.


Por lo tanto, damas y caballeros que me leéis, si os interesa lo que propongo sólo tenéis que poner un comentario expresando vuestra aquiescencia, vuestras dudas, vuestros recelos, vuestras “pegas” y vuestras limitaciones de tiempo, espacio, lugar, etc. para que yo pueda ir resolviéndolas.
Los encuentros, sugiero, en mi casa al principio donde habrá provisión de “cacaos y tramusos” y vino de
Rioja para acompañar las expresiones que las Musas hayan puesto en vuestras plumas y en vuestras palabras.
Aquí os espero.

Cosas que tiene el guiñote

De entre los juegos de cartas, el preferido por estos pagos es el guiñote. Un entretenimiento que, de haber sido descubierto por los anglosajones, sería juego obligado entre los jugadores de todo el mundo; pero, claro, aquí no hay “honores” ni picas ni tréboles: oros, copas, espadas, bastos y “cantes” en lugar de honores; las manos son “garras” y se juega a “cotos” que pueden ser del número de garras que se determine, generalmente, por aquí, de cuatro. Retranca, toda la del mundo y picardías más que cañas tenga un cañar. Hay tantas picardías que se admite como parte del juego el renuncio, es decir, el juego en contra de las reglas establecidas que si es descubierto por el contrario acarrea la pérdida de la “garra” y si pasa… pasa y se da por bueno el tanteo; pero el renuncio lleva como condición que si el que renuncia se ha equivocado en su apreciación, pierde la garra. En definitiva que no se premia la capacidad de “jugarlas bien”, que eso hay que darlo por supuesto, sino la pillería, lo artero, la “rabosería” y el juego sucio… siempre que no se descubra. El pícaro tiene más ventajas que el sabio. ahora que lo pienso, quizás por eso los anglosajones tienen poco que hacer en este negocio.

Las partidas se ganan cuando se "arreglan"


Así es que se dan situaciones como la que he visto esta tarde: una partida desigualada en la que una de las parejas era de las que se acuerdan no sólo de “lo” que ha salido, sino -y esto es mucho más importante- de “lo” que falta por salir. Además, “saben” en qué mano están las cartas que importan; bueno lo saben o lo suponen, que a veces se equivocan. Los contrarios, de los que confían en la providencia divina y en coger más triunfos que los otros. Así es que, a poco que rueden las cartas de acuerdo con unas estadísticas basadas en medias, el empate lo tienen asegurado por más cosas contrarias a la lógica “guiñoteril” que hagan a lo largo de la partida; pero ésta es una cosa de las que tiene el guiñote, que “a labrador tonto, patatas gordas” y, así, los ganadores “a priori” se han convertido en víctimas “por la gracia de Dios”, como le gustaba decir a algún viejo jugador ya desaparecido y cuya semblanza quizás haga algún día.

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