Cosas de José Antonio, para andar por casa…

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A LA CONTRA

Ha de ser una cuestión de temperamento, porque me siento irremediablemente atraído por ponerme de parte de los que suelen perder, por adoptar las posiciones de los que van “en contra de…”

Hoy he esperado a que terminara el tercer partido de fútbol que ha presentado España en los Juegos Olímpicos, para escribir esta entrada en la que debo decir que no me gusta el espectáculo televisivo en el que se han transformado unas competiciones a las que el hombre ha desprovistode su esencia.

Llevamos cinco días de Juegos y no hemos conseguido ni una medalla. Menos mal. Todos los comentaristas a los que he leído o a los que he oído coinciden en que los árbitros han perjudicado de manera ostensible a nuestras selecciones de fútbol y de water polo. Las repeticiones de imágenes en televisión no dejan lugar a dudas: nos han echado de las dos competiciones. En la de fútbol con tres errores garrafales  por parte de los que habrían de ser jueces imparciales y que se han convertido en verdugos de uno de los contendientes. Claro está que el fútbol no permite a sus árbitros la rectificación, pero tanto la expulsión de un defensa español en el partido contra los japoneses, como los dos penaltis no pitados hechos a nuestros jugadores e incluso la permisividad con la actitud antideportiva de los jugadores hondureños han de hacer reflexionar a los que tienen la responsabilidad de conseguir -no sólo de procurarlo- que el juego sea limpio.

No quiero justificar con lo anterior la eliminación del equipo español. Ha sido un conjunto adocenado, sin garra, velocidad ni puntería, cansado y con la pretensión de imitar a la selección absoluta. Sabido es que “bienaventurados los que nos imitan porque de ellos serán nuestros defectos”. España se ha eliminado sola por su actitud, sus carencias y sus errores, pero no hay derecho a que se nos machaque como lo han hecho los que han pitado sus partidos de fútbol. En este deporte hay que marcar goles para ganar y España no ha marcado ni uno solo. Excepto unos minutos -pocos- en cada partido, no hemos visto un juego como el que nos gusta.

En water polo la cosa ha sido mucho más grave porque el juez de línea ha dado como válido un gol que lo era y el árbitro lo ha anulado porque… le ha salido del alma. De nada han valido las reclamaciones del seleccionador español a pesar de la evidencia de las pantallas de televisión. Una injusticia en toda regla

Me acuerdo ahora del juramento de los árbitros en la ceremonia inaugural de estos juegos -un espectáculo televisivo que es lo que “toca” en los tiempos que corren en los que todo se televisa y si no se hace, no existe- en la que se decía que iban a ser imparciales. ¡Já!

Cada vez me gustan menos los grandes “eventos”. Por no gustarme no me gusta ni la palabra.

 

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